jueves, 28 de octubre de 2010

Momentos en blanco y negro.

Por un momento se creía algo más.
Por un segundo su sonrisa era lo más sincero que podría describirse en este mundo y una de las siete maravillas por las que mataría por volver a visitar.
Él no creía que pudiera estar viviendo el mismo cuento otra vez. Sin ganas de perder, maldice el típico final que le hizo entristecer.
Baja la mirada mientras deja sus huellas en los grises charcos de la acera, viendo cómo sus zapatillas se tiñen de negro.
Siente que su realidad utópica empieza a ser su sueño y el repetido beso le empieza a cansar.
Tan sólo le quedan cinco minutos...
La mira, y no puede más... le diría te quiero sin asumir tontamente que ya lo sabe, uy, como Gabriel garcía Márquez...
Siempre ha odiado las despedidas, siempre. Es más difícil el último beso que el primero.
Es mejor decir tarde que nunca.
Es peor esperar sin haber resuelto la duda...
Pasan los minutos enfundados en un último abrazo. No quiere nada más. Sentirla cerca de él.
Oler su pelo, suavemente recuerdo de miel. Notar cómo la lágrima que le cae termina estrellándose en sus manos aún enlazadas en un mínimo compromiso, aquel que la distancia quiso.
Puta melodía que le arrasa por la mitad.
Se deja caer y rompe a llorar. La ha perdido una vez más.
Y ahora todo se queda en recuerdos, en momentos que sólo pudo vivir él.
Hasta que el gallo de la rutina le despertó.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Única.

Ella se sienta esperando llegar a algún lugar.
Ella, con la dulce infancia en su mirada que cree haber dejado atrás.
Aguarda con cobardía el momento con el que soñó.
Un semáforo se sonroja al verla pasar, ella está en una nube que no la deja observar.
Flirtea con el destino que no la quiere dejar. Falsos motivos por los que no amar.
La sonrisa de un niño le obliga a bajar. Reflexiona y ya no hay vuelta a trás.
Está subida en un bus que la lleva hasta un odiado "algo más".
Su mirada lo dice todo. Su garganta a penas puede hacer sonar las palabras que por su cabeza pasan, mientras sus piernas no paran de temblar.
Miedo.
Cobardía.
Algo raro.
Quisiera poder ser como los demás.
Llevar tacones, bailar sin parar.
tener un novio al que pudiera llegar a amar.
Desea tener el marrón en su mirar.
Se enfunda en un sueño en el que se cree normal.
Ríe sin ganas, dejándose manipular.
Siente las cuerdas del titiritero que la hace cantar.
Abre los ojos, éste es su final. Ha llegado su parada, una última más.
Baja el escalón y ahí está él. La espera sentado en un banco cuando la ve aparecer.
En el azul de sus ojos se empieza a perder, cuando ve su sonrisa, simplemente, su felicidad vuela ampliándose su dulce boca, enseñando sus dientes tan perfectos.
Ella aprovecha, suspira. Siente la música.
En estos momentos se alegra de ser única.