Él no creía que pudiera estar viviendo el mismo cuento otra vez. Sin ganas de perder, maldice el típico final que le hizo entristecer.
Baja la mirada mientras deja sus huellas en los grises charcos de la acera, viendo cómo sus zapatillas se tiñen de negro.
Siente que su realidad utópica empieza a ser su sueño y el repetido beso le empieza a cansar.
Tan sólo le quedan cinco minutos...
La mira, y no puede más... le diría te quiero sin asumir tontamente que ya lo sabe, uy, como Gabriel garcía Márquez...
Siempre ha odiado las despedidas, siempre. Es más difícil el último beso que el primero.
Es mejor decir tarde que nunca.
Es peor esperar sin haber resuelto la duda...
Pasan los minutos enfundados en un último abrazo. No quiere nada más. Sentirla cerca de él.
Oler su pelo, suavemente recuerdo de miel. Notar cómo la lágrima que le cae termina estrellándose en sus manos aún enlazadas en un mínimo compromiso, aquel que la distancia quiso.
Puta melodía que le arrasa por la mitad.
Se deja caer y rompe a llorar. La ha perdido una vez más.
Y ahora todo se queda en recuerdos, en momentos que sólo pudo vivir él.
Hasta que el gallo de la rutina le despertó.

