jueves, 15 de marzo de 2012

Desiderium, -ii (n.)

Me pongo sobre ellos, me ruedan los pies un poco, me cuelgan los cordones como siempre y, sin más dilación, me levanto, miro al frente y empiezo a deslizarme como si fuera el viento quien me llevara y no el trabajo machacador de mis gemelos y muslos quemando energía. Giros, vueltas, el viento en mi cara. "Mira qué bonito día hace hoy". La luz del sol refleja en mi pelo, largo y despeinado, destellos de color kaoba. Me muevo, nada más que mis patines y yo. Sonrío. ¿Por qué no?
Alguien me habló de sueños alguna vez. Alguien me empujó a tenerlos y, a veces, yo misma me enfrenté a perderlos. Yo sola. Quedando en mí un anhelo, un desiderium, de conseguirlos. Luché. Volví a luchar. Y aquí me veis, esperando cosas que sólo el tiempo me podrá dar.
Tantas veces alzo la vista al cielo y, sin esperar causar ningún efecto , sin que nadie me mire, a ti, a ti te lo dedico. He tenido metas, he intentado superarme, día a día. He tenido caídas, pérdidas y desilusiones. Esto es la vida, ¿no?.
Pulso el play y justo en ese momento es cuando me doy cuenta de lo que es un sueño. Me doy cuenta de lo que es vivir. Últimamente me doy cuenta de tantas cosas que ya no sé qué es realidad ni qué es mentira.
Disfruto de la velocidad y ruedo sin más, entonces comprendo el significado de liberación. Escribo, mi mano baila al son de mis latidos expulsando un fino hilo de palabras que parecen decir "infinito". Parecen decir muchas cosas. Salpican en este folio en blanco, como diría Hume, pedazos de Francés, de Inglés e, incluso, de Latín.
No tengo nada más que pedir.
Que me dejen bailar.
Que me dejen soñar.
¿A mí? Que me suelten por París.