jueves, 12 de abril de 2012

Y puede. Y quizás.

La vida me tiritaba en aquel frío estúpido de abril. Ese abril que, como decía aquella canción, me recordaba que ya no era feliz.
Dejaba fluir las palabras, mágicas y locas. Controladas por un par de cervezas.
Anhelaba, y puede que aún lo haga, la forma en la que me miraba. Recordaba, y eso sé que lo hago y siempre lo haré, su particular manera de sonreír y de hacerme reír. Prácticamente, me faltaba esa sensación de ser feliz. Una vez más, las canciones moñas que tanto escuché marcaban el compás de mi película. Ellas mismas disparaban una a una las balas que llegarían a dar o no en la diana.
Ese Abril fue de insomnio. El miedo me llevaba a un vacío folio que nunca pude llenar más que con dibujos y frases célebres.
Ése, ése era el folio que tanto pánico me daba, y ahí sigue. En blanco. Mi vida en un papel.
Necesitaba, y quizás necesite, tan sólo un abrazo. Tan sólo aquello que recibí algún día.
Quién sabe.
Mientras mis oídos escuchan "Tiempo al tiempo", mi boca no puede evitar decir: "Carpe diem".