En una tarde gris de Enero, entre el bullicio de la gente.
Nuestra protagonista femenina, y anónima, avanzaba por las calles de la capital, dejándose llevar por la marea que suele arrasar ese lugar.
Le viene a la cabeza todos los momentos que han vuelto de repente a ella, convirtiéndose en una obsesionada.
"¿Qué le vamos a hacer?", "se veía venir...", "a seguir adelante, ¿no?".
Intenta convencerse de que aquel prematuro adiós fue bueno, en vez de malo. Busca saber que las cosas positivas de este suceso, pero por más que le da vueltas, peor se siente y más grande tiene el nudo en la garganta.
Para colmo en dos semanas le tendrá que ver. Por lo menos estarán los demás, ¿no? Podrá estar en la misma fiesta que él, pero ignorándole. Sí, tiene que poder. Al fin y al cabo él ha sido el niñato.
Antes de darse cuenta, está sonriendo. Antes de darse cuenta, le quedan unos días más de simple vacío para enfrentarse cara a cara al pasado.
Y esa corta semana pasa entre risas, proyectos, estudios y metas.
El mismo día antes del temido reencuentro, aunque sólo hayan sido dos semanas después de esa decepción, se mira en el espejo y sonríe.
Se jura así misma sonreír el triple en la fiesta que le espera en menos de 24 horas.
Lo que no sabe es que se olvidará de su promesa y sonreirá por otro motivo.
Digamos que un punky tendrá algo que ver...

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