Él; que poco a poco se escapa de mis manos, como una gota de agua.
Todo. Su sonrisa. Sus ojos. Su mirada. Su sonreír. Su forma de agarrarme cuando cree que soy la única. Y él siendo el único.
Con finas palabras va clavándose en mí todo él. Un adiós previsible, ¿y qué? Me la sopla.
No me iré con las ganas de hacerlo, porque no. Me niego.
Siempre huyendo. Siempre perdiendo. Y ahora lucho. Una y otra vez el mismo final.
Lo odio. No sabéis cuánto lo odio.
Rabia. Impotencia. Tristeza. Bajón. Y, quién sabe si envidia...
Días perdidos y mojados en ignorancia que han pasado factura.La Luz del Valle, y dos narices.
Unas canciones.
El abrazo de esa noche.
Jugar a "dos bandas".
Unas chips ahoy que hacen del ron que no tienes aquí.
Noches sin saber qué hacer, observando la madera crujiente sobre mi cabeza. Y como dice la canción, "es demasiado tarde para salvarme".
Chistes. Joder, cuántas risas cómplices.
Palabras escritas sobre una mesa de parchís. Y sobre ésta, pues éso. Las lágrimas invisibles que ahí están, rebotando contra la madera. Decepción.
¿y veis éso? Son las medallas de las carreras que no gané.
Los besos y abrazos que alejé de mí.
Sus sonrisas.
Pues éso, querido lector o no lector. Terminó ocurriendo el mismo final.
El mismo "otra". El mismo insulto salió de mi boca.
Y de mientras, frunzo el ceño, me agarro del pelo con las palmas abiertas, escucho música, bailo, grito y finalmente... lloro.
