jueves, 30 de diciembre de 2010

Detalles.

Coche amarillo. La sonrisa inocente de un niño. Un día lleno de risas sin motivos.
 La foto de aquel inolvidable viaje. Recordarles al ver la entrada del concierto que me marcó un "antes" y un "después".
La canción de merengue que resuena en mi cabeza.
Y es que en estos pequeños detalles podemos ver que la vida es bella tal y como es.
El sabor a chocolate en mi paladar. Un abrazo desinteresado.
El momento que esperé durante tanto.
Esa dulce navidad.
El libro que leí cada verano.
La frase que repito una y otra vez.
La película que me hizo llorar cada vez que la vi. La canción que tan bien me define. Mi típico "es algo raro", y volver a dudar de todo.
Un susto. Una zancadilla. Cada paso de baile que hago como si nada.
Mi monstruo de las galletas. "Maybe" podría ser él... Un amigo invisible que me regala una galleta.
Y, después de dieciseis años, llorar viendo "El Rey León"...
Alguien que siempre está ahí para reirse conmigo. Otro alguien dispuesto a bailar a mi lado. Las diferencias que nos hacen fuertes.
...Y una sonrisa por la que perderme.
El momento de silencio pensando bien qué decir. Malos y buenos momentos, pero que ambos por mí han pasado.
Dibujar mi nombre en el cristal empañado de un autobús.
Cosas. Momentos. Recuerdos. Pequeños detalles que me hacen sonreír día a día. Insignificantes gestos que hacen que la vida merezca aún más la pena.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Principessa.

Perdió su zapato de cristal adrede y, sin prisas, volvió andando a su casa.
Dieron las doce cuando dejó de creerse una princesa. Mas aquellos labios se lo recordaban día tras día, compartiendo la rutina del calendario que estaba colgado en su pared.
Viajes por cumplir con su príncipe. Agarrarle de la mano para no dejarle volar.
La ciudad marca un cierto esplendor en el horizonte.
Pueden divisarse los edificios, tanto bajos como altos, y luces, muchas luces, apagando las colgadas ahí arriba.
Lo observa con el único zapato que le queda, en la mano.
Las piernas le tiemblan una vez más. Pero, definitivamente, éste ha sido su último adiós.
Amarga felicidad con una pequeña pizca de sabor a "miedo".
Empieza a andar, otra vez...
La carretera dibuja un largo camino que deberá recorrer sola.
Las lágrimas le caen por las mejillas, las ilusiones se vieron perdidas.
Ya no sabe quién ganó la batalla, aunque ella saliera herida.
Mandó a la mierda todo. Se independizó del príncipe azul que terminó siendo un sapo sin más.
Vivió feliz, sin comer perdices junto a él.
Aprendió que no existen los cuentos cuando escuchó lo último de esta vida antes de dar fin a la historia diaria con un "Si no eres mía, no eres de nadie". El príncipe regresó.
Hoy, 8 de diciembre, la sonrisa de una princesa ha vuelto a desaparecer.
Hoy, y cada día, se huele el miedo de que te toque la mina del Buscaminas.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

¿Dónde queda el color?

Ella busca y no tiene el color que le pertenece.
Siente que se muere al ver sus pasos y no ser tan independiente, o por lo menos como antes...
Asume el control de su vida.
La mira, pone cara de asco y baja la vista.
El diario echa de menos sus palabras, añora el olor a bolígrafo que sus puños dejaban día a día entre sus páginas...
Pero, ¿qué le iba a hacer? De blanco y negro aquella competencia iba pintando su rutina...
Movimientos sin sentido con una música de fondo... Pero no puede evitar observarla de reojo.
Escala y escala por poder superarla...
Competencia.
Más competencia.
De tanto corregirse tiene los pies destrozados... Intenta conseguir el arte que ella hace, pero se queda muy, muy abajo...
Le duele, dentro de ella va creciendo un agujero que le come.
Ya nadie es su apoyo. La soberbia que le quedaba le fue arrastrando a una dura soledad.
Y así pasaba el calendario. Rutina que se convertía en una lucha continua y estúpida.
Hasta que un reflejo la cautivó. Sentada frente a aquel espejo...
Reconoce a aquella chica... Y, entonces, se deja caer por un pequeño abismo.
Quizás lo más duro sea competir contra una misma.