Viajes por cumplir con su príncipe. Agarrarle de la mano para no dejarle volar.
La ciudad marca un cierto esplendor en el horizonte.
Pueden divisarse los edificios, tanto bajos como altos, y luces, muchas luces, apagando las colgadas ahí arriba.
Lo observa con el único zapato que le queda, en la mano.
Las piernas le tiemblan una vez más. Pero, definitivamente, éste ha sido su último adiós.
Amarga felicidad con una pequeña pizca de sabor a "miedo".
Empieza a andar, otra vez...
La carretera dibuja un largo camino que deberá recorrer sola.
Las lágrimas le caen por las mejillas, las ilusiones se vieron perdidas.
Ya no sabe quién ganó la batalla, aunque ella saliera herida.
Mandó a la mierda todo. Se independizó del príncipe azul que terminó siendo un sapo sin más.
Vivió feliz, sin comer perdices junto a él.
Aprendió que no existen los cuentos cuando escuchó lo último de esta vida antes de dar fin a la historia diaria con un "Si no eres mía, no eres de nadie". El príncipe regresó.
Hoy, 8 de diciembre, la sonrisa de una princesa ha vuelto a desaparecer.
Hoy, y cada día, se huele el miedo de que te toque la mina del Buscaminas.

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