sábado, 26 de marzo de 2011

Eh. Tú. Sí, tú.

Te voy a contar un secreto, ¿me lo guardas?
Mi abuelo me diría que no te lo contara porque así me lo guardarías... pero, te lo voy a contar porque siempre fui una niña muy chismosa y como decía Él: un demonio.
Pero ahora, ya sé andar y, abuelo, sé bailar. Sé que te encantaría verme bailar. Lo sé. Sé que te encantaría verme llorar de alegría cada nochebuena. Y lo peor de todo es que sé que te encanta cuando salto recorriendo tu antigua casa gritando mis proyectos, mis viajes... Lo sé.
Me has faltado, pero sé que estás ahí. Y ahora que no tengo tiempo, es a mí a quien le toca despedirse.
Espero que te lleguen todos mis susurros de buenas noches, y que veas todas las sonrisas que te dedico tras un triunfo.
Ahora, me voy a dormir y dentro de unas horas, estaré preparada para vivir un sueño.
Gracias, abuelo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Oh là là.

Deja que todo surja, que se llenen tus pulmones de aire fresco dentro de esta cerrada a cal y canto habitación. No esperes más y guía tu camino.
¿Qué c***? SI TE QUEDAN UNOS DÍAS.
Díficil de explicar. Ilusión fácil de alcanzar.
Y qué más... A tan sólo unas horas de un sueño reducido a una semana.
Relajo los músculos, baja la tensión, los nervios se caen por las aceras y las maletas nos acechan esperando a que les dedicamos nuestro preciado tiempo de ilusiones del futuro.

No hay nada más que decir, a partir de ahora "Siempre nos quedará París".

miércoles, 16 de marzo de 2011

I feel Broken.

Sí, aquel día me cambió la vida por completo.
Aquel 29 oí mi primer "te quiero", aquel 29, lamentablemente, me cambió.
Yo antes era un chico normal, no sé si me entiendes.
Llevaba al día mis estudios, excepto la filosofía, que no la llegaba a comprender...
Tenía tantas cosas en la cabeza que ni yo sabía a dónde me dirigían mis pasos.
Iba rápido, siempre tenia prisa.
Y bueno... en lo que respecta a mi vida, no era nadie, o eso pensaba.
Sí, estaba bien rodeado y claro que me querían mis amigos y mi familia pero, me sentía solo, muy solo. Y, aunque suene estúpido, temía a la muerte aunque no fuera a perder mucho...
Es difícil de explicar, pero ya que estamos aquí os lo contaré; toda mi vida me han inculcado ser buena persona, pero parece ser que me tocó vivir la moda en la que los chicos que no respetan triunfan. Hubo varias princesas en esta etapa de mi vida pero todas se encadenaban a innumerables inconscientes materialistas. Y todo fue así durante muchos años.
Pero cuando ya empezaba a perder las fuerzas, las esperanzas de tener a alguien con quien sentirme seguro, apareció ella: Bea.
Todo fue perfecto desde el principio, nos entendíamos, empecé a vivir gracias al momento en el que nos miramos por primera vez.
Pero ¿qué voy a decir?, tenía 19 años, era lógico, ¿no? Nunca sabré si estuve enamorado aunque, que quede entre nosotros, yo diría que sí lo estuve.
El tiempo me separó de ella cada vez más.
Quizás ya se haya olvidado de mí.
Si la pudiera volver a ver le diría todo lo que nunca llegué a decirle...
No sabía nada de mí hasta aquel 29.
Después de un mes con ella. No recuerdo muy bien cómo fue.
Si pudiera volver atrás.
Dejaría el tabaco. Dejaría el chocolate. ¡Iría en bici a todos lados! Pero no se puede...
Ahora sólo maldigo el momento en el que aquel cabrón nos sacó de la carretera.
Me quitó la oportunidad de vivir mi vida perfecta con ella.
Nos separó.
Y todo el miedo a lo que pasaría después se esfumó cuando, tumbado en la autopista me abrazaba mientras lloraba y me dedicaba mi primer "te quiero", el primero nuestro... el último.
Me rodeó la oscuridad y, simplemente, desaparecí.
Pero me llevé su te quiero...
¿Ella? Ella se llevó un regalo en forma de silla de ruedas.