Toda conversación empieza por un "hola, ¿qué tal?". Mientras tanto, en cualquier punto de Madrid una morena acaobada, luciendo un estilo fingido y "elegante", hace abuso de esa confianza que nunca se rompe (aquél gran "mejor amigo"), e inicia un intercambio de palabras e ideas con un simple "Feo!" o algo así como que está harta de las relaciones de esta p*** vida.
Y así porque sí. Le parece que todo es inversamente proporcional.
¿Ahora mismo? Lo firmaría.
Se queja de que todo se rige por dichas relaciones inversamente proporcionales y, al hacerlo, se da cuenta de que sin quererlo, está dando forma a los pensamientos que últimamente no cesan de moverse en su cabeza. Recuerda que alguien alguna vez le dijo: "La cabeza es redonda para éso, para que los problemas puedan dar la vuelta". Qué irónico, piensa. Si se pudiera dar la vuelta a sus problemas no estaría así, vaya. Que a pesar de todo lo que la vida le tiene preparado (sin que ella lo sepa), tiene el valor de quejarse y de decir que lo que ella vive no es más que una mierda de vida.
Vayamos por partes, se encuentra escuchando al tío que escuchará en apenas dos semanas en directo, en sus piernas, por otro lado, sus manos, cual posición de un escriba y cual ley del estatismo (y parecía inculta), reposan sus brazos, y sus manos escriben sin saber realmente lo que quieren llegar a decir. Pero sus dedos se deslizan rápidamente sobre las teclas, cuidando lo que pueda publicar, pues él llegará a leerlo. O eso espera.
Y así sin más, lo publica.
Sin escribir el gran final que todo lector quiere oír, y va por ti: que te quie...

"Si se pudiera dar la vuelta a sus problemas no estaría así", cuánta razón. Me ha gustado. Te sigo y espero tu próxima entrada (;
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