lunes, 20 de agosto de 2012

"Ésta es nuestra historia, terminémosla juntos"


Me levantaba entre lágrimas gimiendo de dolor. Y allí estabas, envuelto en un olor tan significante, en tu olor. Ese olor que me traerá recuerdos dentro de no mucho, si no lo hace ya.
Vivía aquel Agosto, que siempre recordaré, pero que siempre querré olvidar. El dolor se convertía poco a poco en mi compañero de piso, en mi hermano, en todo aquello que nunca quise ver en el espejo y, por eso mismo, lo rompí, uno a uno, en mil pedazos.
Rota, así me sentía yo. Como un alma perdida sin rumbo que tomar. Como un niño de 7 años que sólo sabe preguntar  “¿por qué?”. ¿Por qué te he de extrañar?
La gente me rodeaba, cada vez más. Me dijiste adiós y, como una inútil, te dejé escapar. Te dejaba ir. Decía adiós junto a ti a momentos increíbles que, segundo a segundo, me hacían la vida mucho más fácil. “La vida es menos puta si estás a mi lado”. No llegué a comprender el significado de dicha frase hasta aquel día. Aquel día en que “Adiós, Claudia” salió de ti. Te sentía a mi lado para siempre. Éramos, y somos, invencibles, pero siempre que estemos juntos.
Esa vez te ibas. Para no volver. Mi alma se desgarraba como nunca antes lo había hecho. ¿Qué me pasaba? Horas enteras, noches sin sueño. Me dejaban deshidratada de tanto llorar. Insomnio y calor en pleno Agosto. Simplemente, me quedaba dormida justo en el momento en el que mi cuerpo derramaba una última lágrima.
Tú jurabas no volver. Me gritabas “te amo”, pero no querías hacerme daño. Era ahí donde yo veía todo irónico. Me hacías el peor daño marchándote de mi vida. Si tú querías, te ibas de  mi vida. Si tú querías, yo me iba de la tuya. Y entonces, morí. 

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