Por la ventana entraba un suave suspiro de aire. Suspiro que me repetía una y otra vez lo mismo.
Soñaba con aquellas palabras. Cada noche el viento me las traía de nuevo a mi cama. De su olor mi almohada se quedaba impregnada, mi almohada de aquel frío sudor se quedaba empapada.
Pero, cada noche, la oscuridad me rodeaba. Cada noche los fantasmas pasaban por la ventana.
Soñaba, sí, con aquellas palabras, pero con otras muchas cosas más...
Mi amor se encontraba de espaldas y, como el horizonte que siempre se nos escapa de las manos, él parecía estar cada vez más lejos, incluso cuando mis pies ya no podían aguantar más zancadas. Me dirigía hacia él. Algunas veces llegaba a rozarle, otras noches conseguía hacerle girar la cara y ver su rostro. Un rostro, no entendía por qué, aterrado. Un rostro en el que podía ver claramente miedo. "¿Miedo de qué?", me preguntaba. En seguida en mil pedazos se rompía mi alma. Otras noches lograba ver con claridad su espalda, aquella espalda tan bonita que tantas veces me quedé observando. Y besando.
Sigo corriendo detrás de él, pero no llego. Me tiemblan los pies, me falta la respiración y los músculos se tensan demasiado. Me invade la frustración, el no saber qué hacer. Antes de darme cuenta estoy tirada en el suelo, ¿me han fallado las rodillas? Me las abrazo y dejo de correr. Le veo parado. De pie. A apenas unos pasos. Jadeo. Gimo. Mi respiración no puede dejar de ser alterada. Me falta aire y, sobre todo, me falta él. Siento que poco a poco algo de mí se va rompiendo. Entonces, le veo. Sé perfectamente lo que pretende y me levanto de un salto. A veces le llamo gritando, otras veces su nombre se mezcla con un grito desesperado y, otras muchas, las lágrimas ahogan el grito, su nombre, mi cuello. Me ahogan y no puedo verte ni llamarte bien. Repito tu nombre, dos, tres, incluso cuatro veces. Pero no te giras. No vuelves a mí.
Y sigo corriendo. Y sigues alejándote.
No llego a darte un beso. Las yemas de mis dedos apenas rozan tu piel cuando, de repente, desapareces. Algunas noches desapareces, otras te conviertes en laurel.
Me levanto entre lágrimas y entre gritos. Te tengo pero no te consigo. Por la ventana entraba un suave suspiro de aire. Suspiro que me repetía una y otra vez lo mismo...
...Ven, te necesito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario