De gris estaba teñida la gran ciudad.
En la Gran Vía se podía respirar humedad.
En aquel oscuro cielo se pudo observar el nuevo icono de la humanidad.
Una “h” relampagueando con el sonido tremendo de un trueno.
La gente bajo sus paraguas, vivían su propia película.
Uno que espera en la salida del metro la llegada de su princesa.
La chica que disfruta bajo un improvisado techo con el chico enmascarado, aquel que le salvó de un aburrido supervillano.
Una simple sonrisa que ayuda a vivir a quien no puede.
Un sincero abrazo para demostrar qué se siente y lograr no perderle…
Entre tanta lluvia, la puedes ver. Baja por la calle pisando el suelo mojado con sus vans de acción. Con una sudadera que la hace reconocible.
Manos en los bolsillos, capucha y mirada caída. No quiere ser reconocida.
Alza la vista y ahí está esa hache.
Nadie se dio cuenta aún.
Dos chicas con las manos ocupadas por bolsas ríen y la miran al pasar por su lado, comprar para llenar su vacío intentaron… sin darse cuenta de que las pequeñas alegrías no se venden a inmaduras crías.
Un niño que grita “mamá, ¡es Batman!”, mirando incrédulo a aquella inscripción en lo más alto.
Pobre niño, no sabía leer la perfecta “H” que estaba dibujada.
La misteriosa chica que por allí pasaba, se agacha para estar a su altura, le mira a los ojos, se aparta la capucha y le dice el mayor secreto que jamás olvidará.
El pobre niño confuso, pero con una gran sonrisa, repite sus palabras con una mirada ilusionada.
“H de héroe o Heroína. Pero sólo la que cada uno lleva dentro metida”.
Se aleja sonriente colocándose su capucha.
Su pelo mojado está perfectamente ondulado como si fueran aquellas olas mecidas por Poseidón.
Piensa en su héroe y comprende porqué le tocó a ella ser una Heroína.

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