Me cansé de ser el trovador que contaba tantas historias y empecé a formar parte de una. Quizás la más importante.
Me cansé de pensar en lo que digo. Me olvidé de la censura.
Y a quien no le guste, hasta aquí le dejo leer.
Me metí en un mundo de mentiras donde dicen que la paz no es una utopía.
Donde un señor con barba y vestido de rojo trae la felicidad a una familia, pasando por la correspondiente publicidad de un guiño y una sonrisa.
Donde te ganas duras miradas y palabras por ser de un lado o de otro.
En este lugar en el que cada vez más niñas no quieren ser princesas y pasan a esa filosofía de ¿vivir la vida?
En un mundo donde los chicos persiguen una meta y se olvidan del mínimo término “caballero” que tanto triunfó.
Donde un hombre muestra serlo delante de miles de personas y de un animal grande. Homo versus taurus.
He intentado deshacer mucho tópicos pero a esta sociedad le gustan las inútiles etiquetas, aquellas que son sólo ajenas.
He aprendido a convivir con los defectos públicos, aunque no me gusten.
Porque seguiré odiando que niñas de doce años ya no jueguen más con la comba y aparezcan con catorce embarazadas, ahí ya no es un “baby born”.
Lo siento tan dentro que me duele.
Y un largo etcétera.
Pero, querido lector, me alegro de que esté ahí sentado prestando atención a mi “ira”, aunque sea un simple inconformismo.
Así que, te voy a dar un gran consejo, olvida mis paranoias aunque estés de acuerdo, levántate y haz aquello que te da miedo. Ahora o nunca.
Estos segundos nunca volverán a pasar por tus manos,
Quítate la corbata, ve a tu casa y abraza a tu mujer, ved la película que os unió.
Llama a aquella chica que, seguro, estará pensando en ti. Dila que es única.
Pon la música a tope y baila como si no hubiera un “mañana” por el que preocuparse.
Así disco tras disco.
Ponte tus patines y siente la velocidad.
Te podría dar tantas ideas de cómo vivir los pequeños detalles de esta vida, que terminarías hartándote de hacer caso a una aficionada como yo.
Así que, disfruta de aquellas alegrías que pasan desapercibidas…
Susúrrale al oído y aguarda su sonrisa…

No hay comentarios:
Publicar un comentario