jueves, 29 de noviembre de 2012

Perséfone me llaman.


Llamaban, fantasmas en la madera golpeaban sus nudillos fuertemente. Venían hacia mí abriéndome aquella puerta y haciéndome cruzar el umbral que me obligaba a olvidarme de las otras dos salidas: mis otras dos salidas.

Irrumpían en la noche como lo estaban haciendo las hiperventilaciones, las lágrimas y los gemidos. El corazón decía que se rompía, mi pecho se cerraba aún más para cumplir su deseo, se entrecortaba la respiración entre sollozos, y entre mucho dolor. La mente desapareció, cualquier intento de fuga se convertiría en una huida mortal. No había nada más que pensar. Sólo sentía. Sentía el soplo de aire frío que entraba por la ventana, y por fin la puerta se abrió.

Una fuerte claridad inundó la habitación y yo, agarrada una vez más a la sábana, me dejaba las uñas para no irme, para no caer de nuevo, para seguir bañada en mi sudor y en mis lágrimas. Salió de mí un grito ahogado, que se quedó en el nudo que tenía en la garganta, ése que todo esto había provocado. Ése que me hizo volver a aquella noche de Agosto.

Ese nudo de impotencia y de estar perdida.

Y aunque sé a dónde me dirijo, tengo miedo.

Sé que ahora soy una esclava del tiempo.

Me llevan muy lejos, allí donde viven perros de tres cabezas, allí donde barqueros se pasean por su laguna en busca de pasajeros con tan sólo una moneda, allí donde pasaré mis próximos seis meses…

Despertaré, y volveré, para sufrir una vez más.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Éste es mi Renacimiento.

Negro del luto de mi corazón envuelto. Que de momento, voy andando como si tuviera un hada y, también, como si me hubiera mirado un tuerto.
Resuenan las campanas; las tres de la madrugada, y tan sólo traen recuerdos. Dos zumbidos a la luz de la luna llena y, por aquí, viajan las penas.
Gasolina, tus sonrisas y una llama que prenda.
Que te fuiste lo sé, dónde estás es el problema.
Mi subconsciente no es capaz de olvidarte, y apareces en mis sueños.
Se me traban las palabras. Aparecen las lágrimas.
El dolor me ahoga, mis piernas me frenan.
Y como un resurgir de mi alma aparezco. Es así como vivo "mi Renacimiento".
Basta ya de lamentos en el fondo de una copa.
Se acabaron, por favor, las noches, y el miedo a pasarlas sola.
Terminemos con esta sensación de ser una tonta. 
Una del montón. Una casilla más de "la Oca".
Cansada de ver cómo todo son simples jugadas.
Disfruto escribiendo que, para la vida, soy una negada.
La fuerza de Telémaco a levantarse de la silla.
El valor de Príamo al mirar a los ojos de Aquiles.
Oh, musa, que esta noche me has inspirado, dime, canta, cuenta... ¿Qué fue de aquellos sueños?¿Qué fue de aquellas ilusiones? Oh, musa, dime por qué me invade el miedo y por qué no relleno los folios con mis altercados.
Hija del dios Zeus, cuéntame, por favor, si fue por mi pasado que desvivo mi presente y odiaré mi futuro.
Dime, musa, dime, canta, cuenta... ¿Qué fue de aquella bailarina? ¿Qué fue de su sonrisa? ¿Y dónde quedó su mirada llena de chispa?
Renace, y el mundo lo nota.
Pisa fuerte con sus Nike y el ritmo le sobra.
Corazón roto, un adiós que no será un hasta pronto y una cicatriz.
La ciudad no descansará. El mundo ni respirará.
Se ha escapado un monztruo y nadie le impedirá ser feliz.

lunes, 20 de agosto de 2012

"Ésta es nuestra historia, terminémosla juntos"


Me levantaba entre lágrimas gimiendo de dolor. Y allí estabas, envuelto en un olor tan significante, en tu olor. Ese olor que me traerá recuerdos dentro de no mucho, si no lo hace ya.
Vivía aquel Agosto, que siempre recordaré, pero que siempre querré olvidar. El dolor se convertía poco a poco en mi compañero de piso, en mi hermano, en todo aquello que nunca quise ver en el espejo y, por eso mismo, lo rompí, uno a uno, en mil pedazos.
Rota, así me sentía yo. Como un alma perdida sin rumbo que tomar. Como un niño de 7 años que sólo sabe preguntar  “¿por qué?”. ¿Por qué te he de extrañar?
La gente me rodeaba, cada vez más. Me dijiste adiós y, como una inútil, te dejé escapar. Te dejaba ir. Decía adiós junto a ti a momentos increíbles que, segundo a segundo, me hacían la vida mucho más fácil. “La vida es menos puta si estás a mi lado”. No llegué a comprender el significado de dicha frase hasta aquel día. Aquel día en que “Adiós, Claudia” salió de ti. Te sentía a mi lado para siempre. Éramos, y somos, invencibles, pero siempre que estemos juntos.
Esa vez te ibas. Para no volver. Mi alma se desgarraba como nunca antes lo había hecho. ¿Qué me pasaba? Horas enteras, noches sin sueño. Me dejaban deshidratada de tanto llorar. Insomnio y calor en pleno Agosto. Simplemente, me quedaba dormida justo en el momento en el que mi cuerpo derramaba una última lágrima.
Tú jurabas no volver. Me gritabas “te amo”, pero no querías hacerme daño. Era ahí donde yo veía todo irónico. Me hacías el peor daño marchándote de mi vida. Si tú querías, te ibas de  mi vida. Si tú querías, yo me iba de la tuya. Y entonces, morí. 

jueves, 12 de abril de 2012

Y puede. Y quizás.

La vida me tiritaba en aquel frío estúpido de abril. Ese abril que, como decía aquella canción, me recordaba que ya no era feliz.
Dejaba fluir las palabras, mágicas y locas. Controladas por un par de cervezas.
Anhelaba, y puede que aún lo haga, la forma en la que me miraba. Recordaba, y eso sé que lo hago y siempre lo haré, su particular manera de sonreír y de hacerme reír. Prácticamente, me faltaba esa sensación de ser feliz. Una vez más, las canciones moñas que tanto escuché marcaban el compás de mi película. Ellas mismas disparaban una a una las balas que llegarían a dar o no en la diana.
Ese Abril fue de insomnio. El miedo me llevaba a un vacío folio que nunca pude llenar más que con dibujos y frases célebres.
Ése, ése era el folio que tanto pánico me daba, y ahí sigue. En blanco. Mi vida en un papel.
Necesitaba, y quizás necesite, tan sólo un abrazo. Tan sólo aquello que recibí algún día.
Quién sabe.
Mientras mis oídos escuchan "Tiempo al tiempo", mi boca no puede evitar decir: "Carpe diem".

jueves, 15 de marzo de 2012

Desiderium, -ii (n.)

Me pongo sobre ellos, me ruedan los pies un poco, me cuelgan los cordones como siempre y, sin más dilación, me levanto, miro al frente y empiezo a deslizarme como si fuera el viento quien me llevara y no el trabajo machacador de mis gemelos y muslos quemando energía. Giros, vueltas, el viento en mi cara. "Mira qué bonito día hace hoy". La luz del sol refleja en mi pelo, largo y despeinado, destellos de color kaoba. Me muevo, nada más que mis patines y yo. Sonrío. ¿Por qué no?
Alguien me habló de sueños alguna vez. Alguien me empujó a tenerlos y, a veces, yo misma me enfrenté a perderlos. Yo sola. Quedando en mí un anhelo, un desiderium, de conseguirlos. Luché. Volví a luchar. Y aquí me veis, esperando cosas que sólo el tiempo me podrá dar.
Tantas veces alzo la vista al cielo y, sin esperar causar ningún efecto , sin que nadie me mire, a ti, a ti te lo dedico. He tenido metas, he intentado superarme, día a día. He tenido caídas, pérdidas y desilusiones. Esto es la vida, ¿no?.
Pulso el play y justo en ese momento es cuando me doy cuenta de lo que es un sueño. Me doy cuenta de lo que es vivir. Últimamente me doy cuenta de tantas cosas que ya no sé qué es realidad ni qué es mentira.
Disfruto de la velocidad y ruedo sin más, entonces comprendo el significado de liberación. Escribo, mi mano baila al son de mis latidos expulsando un fino hilo de palabras que parecen decir "infinito". Parecen decir muchas cosas. Salpican en este folio en blanco, como diría Hume, pedazos de Francés, de Inglés e, incluso, de Latín.
No tengo nada más que pedir.
Que me dejen bailar.
Que me dejen soñar.
¿A mí? Que me suelten por París.

jueves, 16 de febrero de 2012

Quién.

A menudo me pregunto por qué. "El por qué de las cosas". El qué. "¿Qué hago con mi vida?"
Y, muy a mi pesar, quién. Me pregunto quién derramaría lágrimas sinceras y sencillas por mi pérdida. Quién, contéstame si puedes, será el que me espere al salir de una clase con una rosa amarilla. Quién, entonces, me regalará lunas cada día.
Quién vendrá sin previo aviso. Quién me cantará al oído. Y quién me provocará escalofríos.

Tan sólo dime quién.

jueves, 19 de enero de 2012

A toques de piano.

Con frío en el aire y el viento golpeándole en la cara, baja la calle transitada sola. Abrigo de invierno, deja arrastrar los pies porque ya está cansada. Y en algún remoto momento llegará a pensar que está harta, pero no lo hace, porque sabe que quedan muchos días como ése, incluso peores, y que no se rendirá tan fácilmente.
Me gustaría decirle que no se preocupe, pero desde aquí arriba no puedo. Por mucho que le gritara que se olvide de todo, lo más profundo de mí sabe que no me oiría. Me lleno de rabia y las lágrimas que en mí empujan a ella le resbalan ya por las mejillas. Se me parte el alma ver en lo que quizás se está convirtiendo.
Le intento hacer llegar que los días malos se afrontan y superan para dar paso a un sol que saldrá de nuevo.
Más cabezona que yo, aprovecha su joven rebeldía y se olvida de que la miran Claro que la miran. Las lágrimas la dejan una máscara salada que, según ella, atrae todas esas miradas. El optimismo estaba bajo mínimos, pero yo le chillaba, una y otra vez, que, por favor, no se perdiera, que no dudara en si era feliz, que todo llegaría, que eligiera e hiciera sus propias elecciones, que sonriera, que bailara una vez más...
Con ella vi cómo el tiempo nos esclaviza.
Presa dolorida de sus lágrimas y pesadillas siempre he sido.
Tan sólo recuerdo gritos, la llamaba a ella, le tiraba del brazo, tan sólo intentaba que recuperara lo olvidado, y lo dejado. Que volviera a mi lado...
... Que fuera lo que un día fue: yo.

lunes, 16 de enero de 2012

I've spent all my years in believing you.

Cojo el bolígrafo de nuevo para hacer una oda a la música.
Esta vez, los altavoces retumban en mi cuarto y mis padres no se quejan. Chapurreo palabras en inglés como si de un concierto privado se tratara. Quizás me gustaría hacérselo a esa persona...
"Take a look in the mirror and cry", eso dice la canción, aparte de las otras frases que me llenan. Los coros poco a poco hacen que gire, salte e improvise con fuerza una coreografía sencilla y simple pero privada. Ésta es sólo para mí.
Mi amigo Mercury tiene su propio eco en mí. Y con esta canción me llena.
Pausa para coger aire y sonreír. Me miro al espejo pero no lloro, no es momento para ello.
Voy a por TI, me como el mundo si hace falta.
Es lo que hoy me ha inspirado.
Alguien me dijo que se vive más feliz con música. "Y tanto", pensé. En algún lado leí que la causa de esto era que sencillamente nos daban ganas de cantar y bailar. ¿Bailar? "Siempre tengo ganas de bailar", bromée.
Y  ahora por mí misma lo estoy comprobando.
Me resulta difícil explicar por qué, me resulta difícil hacerme entender y tan sólo me queda un consejo: Vivid con una sonrisa y no dejéis de lado la música. A veces ella es la única que te comprende y otras muchas, la única capaz de subir tu ego y de ensanchar esa sonrisa tímida que tantas ganas de salir tiene.

lunes, 9 de enero de 2012

He dicho.

Bajo un poco el volumen. Estopa. ¿Estopa? Llevo toda la tarde/noche con canciones que ni siquiera me acordaba de saberme la letra. Y Estopa canta una de ellas.
Chupo con nerviosismo la tapa del bolígrafo que una larga historia guarda. Los recuerdos se han escapado de su caja y me rodean. Mientras tanto yo, sentada en el suelo, los acaricio y viajo un poco en el tiempo.
Una carta que termina en la papelera y a mi lado una botella para ahogar mis penas.
Dedicatorias, entradas, tickets, recuerdos de películas, billetes de tren y también de avión y unas gafas 3d a las que ya no me atan las mismas cadenas.
He traficado con fotos y con historias. Éstas son tantas que me da vergüenza reconocerlas todas.
El cuello de una camiseta amarilla, millones de referencias a París, el recordatorio de mi primera actuación, un diploma, un trabajo y, entre tanta mierda, un pos-it amarillo que tanto mereció la pena.
Innumerables recuerdos me llegan. Cada uno me refresca la memoria y me llena de aquellos sentimientos que terminé perdiendo. Costumbre, puede ser. Me acostumbré a tantos que a veces ya no duelen. Pero repito, a veces.
Alguien no hace mucho que quizás la forma de curar las heridas es dejando éstas abiertas o que llorar a veces podría ser muestra de superación.
Dolor. Superación. Insatisfacción. Miedo. Fuerza. Agobio. Cansancio. Ilusión.
Y te echo de menos.
Echo de menos tantas cosas de ti que ya ni me quejo. Tu fácil forma de quererme, tus palabras de enamorado a cada media noche o el verte trajeado.
Ya no es por ti, sino por mí.
Gracias por formar parte de mi pasado.